Mi síndrome del impostor

síndrome del impostor
Sentirte un fraude aunque no lo seas. Dudar de ti incluso cuando “todo va bien”. Sí, también me pasa. Hoy te hablo del síndrome del impostor desde dentro.

Consúltame

Hay algo de lo que no siempre se habla cuando hablamos de trabajo. Un elefante en la habitación.

Esa sensación de no estar a la altura.

De pensar que en cualquier momento alguien se dará cuenta de que en realidad no sabes tanto.
De sentir que lo que haces no es suficiente.
O de compararte constantemente.

Eso tiene un nombre: síndrome del impostor.

Y sí, también me pasa.

Qué es realmente el síndrome del impostor

No es un diagnóstico, ni un trastorno.

Es más bien una experiencia interna bastante común:
la sensación persistente de no merecer lo que has conseguido o de estar “engañando” a los demás.

Aunque haya evidencia objetiva de lo contrario.

Lo sufren personas formadas, válidas, que hacen bien su trabajo. Y aún así, arrastran esa duda tan incómoda.

Cómo se ha manifestado en mí

En mi caso, no ha sido algo puntual.

Ha ido apareciendo en distintos momentos:

Al empezar a pasar consulta.
Al enfrentarme a casos complejos.
Cuando me comparo con otros profesionales.
Incluso después de años de experiencia.

Esa voz que dice:
“esto no lo dominas, te vas a equivocar”
“seguro que hay alguien que lo haría mejor”
“no deberías estar aquí”

Y aunque racionalmente pueda cuestionarla,
emocionalmente a veces pesa.

Por qué aparece

Aquí hay algo importante: esto no aparece en el vacío.

Vivimos en un contexto que favorece mucho este tipo de sensación.

A nivel social

Se valora el rendimiento constante.
La seguridad.
La productividad.

Parece que siempre deberíamos saber a la perfección lo que hacemos, tenerlo claro, avanzar sin dudar.

Y cuando eso no pasa (que es lo normal),
aparece la sensación de estar fallando.

En profesiones como la psicología

Trabajamos con algo complejo, cambiante y profundamente humano.

No hay respuestas exactas.
No hay fórmulas universales.

Y eso puede hacer que, incluso haciendo bien tu trabajo,
sientas que no es suficiente.

A nivel personal

Aquí cada uno tiene su historia.

En mi caso, tiene que ver con la autoexigencia.
Con querer hacerlo perfecto. Con el miedo a no estar a la altura. Y  con no aceptar la duda.

Y probablemente con aprendizajes antiguos que se activan en contextos de responsabilidad.

Cómo lo he ido y sigo manejando

No te voy a decir que se “supera” y desaparece.

Porque, al menos en mi experiencia, no funciona así.

Pero sí se puede cambiar la forma de relacionarte con ello.

Entenderlo en lugar de pelearme con ello

Durante mucho tiempo, mi reacción era intentar quitar esa sensación.

Ahora intento escucharla.

Ver de dónde viene.
Qué parte de mí está hablando ahí.

Ponerle realidad

Esa voz suele ser muy convincente… pero no siempre es precisa.

Aprender a contrastarla con la realidad ayuda:

Con mi experiencia.
Con el feedback real.
Y con lo que sí está funcionando.

Compartirlo

Esto ha sido clave.

Cuando hablas de esto con otros profesionales,
te das cuenta de que no eres la única persona que se siente así.

Y eso cambia mucho la vivencia.

Bajar la exigencia de “tener que saberlo todo”

Esto es importante.

No necesito tener todas las respuestas.
No necesito hacerlo perfecto.

Necesito estar presente, implicada y en proceso.

Aceptar que a veces va a volver

Y esto quizá es lo más honesto.

Hay momentos en los que vuelve.

Pero ahora ya no me remueve igual.

Puedo seguir adelante con esa sensación ahí, sin que esté al volante.

Si te pasa, no estás solo/a

El síndrome del impostor no habla tanto de que no seas suficiente…

como de que hay una parte de ti que necesita sentirse segura.

Y eso, en el fondo, es humano.

Aprender a convivir con ello, sin que te limite, es un proceso.

Y merece la pena.

Si al leer esto te has sentido identificado/a, podemos trabajarlo.

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