Las rabietas infantiles son uno de los momentos que más desconciertan a madres y padres.
Un niño que hace un momento estaba tranquilo de repente grita, llora, patalea o se tira al suelo como si todo se hubiera desbordado.
Las rabietas infantiles no son un problema de conducta.
Ni siquiera son un problema. En todo caso, son cuestión de regulación emocional.
Cuando el cerebro aún no sabe calmarse solo
Durante los primeros años de vida, el cerebro del niño todavía está aprendiendo algo fundamental: cómo gestionar lo que siente. Las emociones aparecen con mucha intensidad, pero las herramientas para regularlas aún no están desarrolladas Es como si el sistema emocional estuviera funcionando a pleno rendimiento, pero el sistema que ayuda a calmarse todavía estuviera en construcción. Por eso, cuando algo les frustra, les duele o les desborda, el niño no puede simplemente “tranquilizarse”. Su sistema nervioso entra en un estado de activación muy intenso. Y la rabieta aparece.No es que quieran hacerlo, es que aún no pueden evitarlo
Muchas veces los adultos interpretamos las rabietas desde categorías morales:- “Lo hace para salirse con la suya”
- “Me está retando”
- “Si cedo, aprenderá que así consigue lo que quiere”
Qué necesita un niño en medio de una rabieta
Cuando un niño está en plena rabieta, lo que vemos desde fuera es descontrol. Pero desde dentro, muchas veces lo que está ocurriendo es una emoción demasiado grande para su capacidad actual. En ese momento, el niño no necesita sermones ni explicaciones largas. Su cerebro no está disponible para eso. Lo que más ayuda suele ser algo mucho más básico:- presencia
- calma del adulto
- límites claros si son necesarios
- y, sobre todo, regulación prestada






