Los celos tienen muy mala fama
Si preguntas a varias personas qué opinan de los celos, es probable que muchas respondan que son algo tóxico, negativo o incluso incompatible con una relación sana. Otras te dirán que son una prueba de amor.
Y es cierto que algunas conductas motivadas por los celos pueden llegar a hacer mucho daño. Pero una cosa son los celos y otra muy distinta lo que hacemos cuando aparecen.
Los celos son una emoción humana normal. Como el miedo, la tristeza o la rabia.
No suelen ser agradables. Pueden hacernos sentir inseguros, vulnerables o incluso avergonzados. Sin embargo, sentir celos no nos convierte automáticamente en personas posesivas, controladoras o inmaduras.
De hecho, la mayoría de nosotros los hemos sentido alguna vez y aún así, muchas veces intentamos entenderlos demasiado poco.
¿Qué son realmente los celos?
Los celos suelen aparecer cuando percibimos que algo importante para nosotros podría estar en riesgo dentro de una relación.
Y aquí hay una palabra importante: percibimos.
Igual que ocurre con el miedo, la amenaza puede ser real o puede no serlo.
Podemos sentir miedo al estar ante un perro grande que nos mira, nos gruñe y se coloca en posición de ataque, pero también nos puede dar miedo un perro grande que está muy tranquilo jugando sin hacernos caso.
Con los celos ocurre algo parecido.
A veces aparecen porque algo está cambiando realmente en una relación. Otras veces aparecen porque interpretamos una situación como una amenaza aunque quizá no lo sea.
Por eso sentir celos no significa necesariamente que tengamos razón. Pero tampoco significa que debamos ignorarlos. Las emociones no siempre describen la realidad de forma exacta, pero suelen decir algo importante sobre cómo estamos viviendo esa realidad.
Los celos no aparecen solo en la pareja
Cuando pensamos en celos solemos imaginar relaciones románticas.
Sin embargo, pueden aparecer en prácticamente cualquier vínculo significativo.
Un niño puede sentir celos cuando nace un hermano y de repente tiene que compartir la atención de sus padres.
Una amiga puede sentir celos cuando su mejor amiga inicia una relación de pareja y dispone de menos tiempo para ella.
Una persona puede sentir celos porque su pareja dedica gran parte de su energía al trabajo, a un proyecto personal o a una afición que ocupa cada vez más espacio en su vida.
Incluso pueden aparecer entre familiares, compañeros de trabajo o grupos de amigos.
Los celos no siempre hablan del miedo a que alguien nos sustituya.
Muchas veces hablan del miedo a perder cercanía, conexión, atención o un lugar que sentimos importante dentro de una relación.
¿Para qué sirven los celos?
Puede resultar extraño plantearlo así, pero los celos tienen una función. Como cualquier emoción, son una señal. Nos ayudan a detectar que algo importante está ocurriendo para nosotros.
A veces pueden indicarnos que echamos de menos más tiempo compartido con alguien. O que nos estamos sintiendo poco valorados. O que hay necesidades emocionales que no estamos expresando. Que existe una inseguridad personal que merece atención.
Los celos no siempre tienen razón. Pero sí suelen señalar algo que merece ser atendido y explorado. Por eso intentar eliminarlos sin más puede ser tan poco útil como intentar eliminar cualquier otra emoción incómoda.
Lo importante es comprender qué hay detrás.
Cuando los celos son una reacción normal
Hay situaciones en las que sentir celos resulta perfectamente comprensible.
Por ejemplo, cuando una relación importante está cambiando. Cuando percibimos distancia emocional. Cuando sentimos que alguien que era muy importante para nosotros cada vez tiene menos tiempo o menos espacio para la relación. O cuando atravesamos momentos de especial vulnerabilidad.
En estos casos, los celos pueden funcionar como una llamada de atención. Una invitación a preguntarnos qué necesitamos, qué estamos sintiendo y qué está ocurriendo realmente en la relación.
De hecho, a veces los celos señalan dificultades reales que conviene abordar. No siempre hablan de inseguridad personal. En ocasiones hablan de necesidades relacionales que están quedando desatendidas.
Los celos infantiles
Si puede ser complejo para un adulto entender y gestionar sus celos, mucho más para un niño.
Cuando detectamos que un niño puede estar sintiendo celos, es bastante frecuente invalidarlos para que deje de sentirlos. No funciona así, claro.
Por ejemplo, si un niño siente celos porque ha nacido un hermano, esos celos están justificados. La amenaza es real. Evidentemente ese niño no va a perder a sus padres por tener un hermano, pero es una realidad que sus padres no le van a poder dedicar tanto tiempo como antes.
La amenaza es real. La pérdida es real.
A ese niño habrá que ayudarle a poner palabras a lo que está sintiendo y acompañarlo en el duelo que tiene que hacer. Ayudarlo poco a poco a aceptar que la situación ha cambiado un poco, pero nos podemos ir adaptando todos a ello.
Igual si vemos que un niño está celoso porque su mejor amigo ahora ya no le hace tanto caso porque se junta más con otro niño nuevo de la clase. Igual.
Celos normales, amenaza real y pérdida real.
Su mejor amigo ya no le dedica tanto tiempo a jugar con él. Habrá que acompañarlo en ese duelo y ayudarlo poco a poco a adaptarse explicándole que estas cosas nos ponen tristes y es normal, pero siempre puede hacer amigos nuevos y seguir disfrutando también de otra gente.
Entonces, ¿cuándo se convierten en un problema?
La clave suele estar en diferenciar emoción y conducta.
Sentir celos no es un problema. Lo que puede convertirse en un problema es cómo respondemos a ellos.
No es lo mismo sentir celos y hablar de ello con honestidad que sentir celos y revisar el móvil de otra persona. No es lo mismo sentir inseguridad que intentar controlar con quién se relaciona alguien. No es lo mismo tener miedo a perder una relación que exigir pruebas constantes de amor o de fidelidad.
La emoción aparece de manera automática. Las conductas son las que tienen consecuencias sobre la relación. Y es ahí donde tenemos capacidad de elección.
Escuchar la emoción sin obedecerla ciegamente
Cuando sentimos celos solemos movernos entre dos extremos.
Hay personas que intentan reprimirlos porque consideran que son una emoción inaceptable. Y hay personas que dan por hecho que, si sienten celos, tienen derecho a actuar en consecuencia.
Ninguna de estas opciones suele resultar especialmente útil. Quizá una alternativa más saludable sea detenernos un momento y preguntarnos:
¿Qué es exactamente lo que temo perder?
¿Qué necesidad hay detrás de esta emoción?
¿Estoy reaccionando a algo que realmente está ocurriendo o a algo que imagino que podría ocurrir?
¿Hay alguna conversación que necesite tener?
¿Hay alguna inseguridad propia que necesite revisar?
A veces la respuesta estará en la relación. Y otras veces estará dentro de nosotros.
Una última reflexión
Los celos no son una prueba de amor. Pero tampoco son una prueba de toxicidad.
Son una emoción humana que aparece cuando algo importante para nosotros parece estar en juego.
A veces nos hablan de nuestras inseguridades. A veces nos hablan de nuestras necesidades. Y a veces nos alertan de problemas reales que conviene atender.
Por eso el objetivo no suele ser no sentir celos nunca.
El objetivo suele ser aprender a escucharlos sin que tomen el control de nuestro comportamiento. Comprender qué intentan decirnos y decidir conscientemente qué hacer con esa información.
Porque una emoción puede merecer ser escuchada sin necesidad de convertirse en quien dirija nuestras acciones.
Si lo necesitas, puedo acompañarte en ese proceso.





