Cada psicólogo trabaja de una manera distinta
Compartimos conocimientos, ética profesional y un mismo objetivo: ayudar a las personas. Pero la forma de hacerlo puede variar mucho de un profesional a otro.
Con el tiempo he descubierto que hay ciertas cosas que hago casi siempre en terapia y otras que intento evitar de forma consciente. No porque crea que exista una única forma correcta de trabajar, sino porque son los principios que mejor encajan con mi manera de entender la psicoterapia.
Si en algún momento has pensado en empezar terapia conmigo, quizá esto te ayude a conocerme un poco mejor.
Lo que hago en terapia
Escucharte antes de sacar conclusiones
No suelo hacerme una idea cerrada de lo que ocurre en la primera sesión.
Necesito conocer qué está pasando ahora, pero también cómo has llegado hasta aquí. Me interesa tu historia, lo que has vivido, tus relaciones, tus emociones, aquello que has vivido y la manera en que todo eso ha ido moldeando quién eres.
Solo cuando reúno suficiente información puedo empezar a construir hipótesis que sean realmente útiles.
Las conclusiones rápidas las dejo para los cuñados.
Intentar comprender el sentido de lo que te ocurre
Hay una idea que guía prácticamente todo mi trabajo: lo que te pasa tiene algún sentido. No estás loca. No has perdido la cabeza. Solo hay que encajar las piezas de un puzzle que quizás lleva mucho tiempo desmontado y con piezas dispersas.
Eso no significa que siempre podamos encontrar una explicación definitiva o una certeza absoluta. La psicología no funciona así.
Pero sí podemos construir hipótesis cada vez más completas que nos ayuden a entender por qué reaccionas como reaccionas, qué función cumplen determinadas emociones o conductas y por qué el problema se mantiene.
Cuando comprendemos mejor lo que ocurre, también es mucho más fácil encontrar la forma de cambiarlo.
Adaptarme a ti, y no al revés
No todas las personas necesitan lo mismo ni están preparadas para recorrer el mismo camino al mismo ritmo.
Intento adaptarme a tus tiempos, a tus prioridades, a tu forma de ser y a aquello que en este momento tiene más sentido para ti trabajar.
La terapia no debería sentirse como un traje que tienes que ponerte aunque no sea de tu talla. Debería sentirse como un traje hecho a medida.
Decirte las cosas con honestidad
No siempre voy a decirte aquello que te resulte más agradable escuchar.
Habrá momentos en los que te señalaré contradicciones, mecanismos de defensa o aspectos que quizá estés evitando mirar.
Intento hacerlo siempre desde el respeto, el cariño y el cuidado, porque confrontar no significa atacar. Muchas veces, una buena confrontación es precisamente una forma de acompañar.
Ayudarte a entenderte, no solo a sentirte mejor
No puedo ofrecerte rescates ni soluciones mágicas. Para eso ya existe la psicofarmacología. Pero ya se sabe que no cura nada.
Lo que sí puedo ofrecerte es un espacio donde construir un marco que te permita entender mejor cómo funcionas, por qué te ocurre lo que te ocurre y qué necesitas realmente para sanar, cambiar o solucionar.
Porque cuanto mejor te entiendas, mejor podrás cuidarte.
Dar espacio tanto a la emoción como a la reflexión
En terapia hay momentos para llorar, enfadarse, sentir miedo o conectar con aquello que duele.
Y también hay momentos para pensar, comprender y darle sentido a lo vivido.
Creo que una terapia queda coja si se pone mucho más foco en una de esas partes que en la otra.
Ser transparente contigo
Siempre que puedo, te explico por qué te propongo un ejercicio, qué hipótesis estoy manejando o qué sentido creo que tiene aquello que estamos trabajando.
Y si aparecen datos nuevos que hacen que una explicación deje de encajar, no tengo ningún problema en revisarla.
La terapia también consiste en ir afinando, poco a poco, la comprensión de lo que ocurre.
Lo que intento evitar en terapia
Juicios de valor
Los psicólogos no somos jueces.
No estamos aquí para decidir quién tiene razón, quién es buena persona o quién debería haber actuado de otra manera.
Lo que sí intentamos comprender son las emociones, las necesidades, los conflictos, las relaciones, los derechos de cada persona y los patrones que pueden estar generando sufrimiento.
Entender no significa justificar. Significa comprender para saber cómo encajar los cambios.
Decirte lo que tienes que hacer
Consejos probablemente ya hayas recibido muchos.
De tu prima. De tu amigo del pádel. De la compañera de trabajo. Del vecino.
Mi trabajo no consiste en decirte cómo deberías vivir tu vida.
Consiste en ayudarte a descubrir qué necesitas realmente, qué encaja con tus valores y qué decisiones son coherentes contigo.
Etiquetarte cuando no aporta nada
No tengo nada en contra de los diagnósticos.
Hay situaciones en las que son importantes, necesarios e incluso muy útiles. Para una derivación. Para una coordinación con otro profesional de la salud. O porque el paciente lo pide explícitamente y está en su derecho de obtenerlo.
Pero para mí, de cara a la terapia, la etiqueta aporta poco y puede distraernos de hacernos preguntas mucho más interesantes.
Mi prioridad suele ser comprender de dónde viene lo que ocurre, qué mantiene el problema y qué podemos hacer para cambiarlo.
Dar respuestas rápidas a problemas complejos
Ojalá existieran soluciones sencillas para el sufrimiento humano. Pero rara vez es así.
Desconfío bastante de las explicaciones excesivamente simples para problemas que llevan años construyéndose.
Prefiero dedicar tiempo a comprender bien antes que ofrecer respuestas rápidas que solo funcionen durante unos días.
Prometer cambios rápidos o centrarme solo en el síntoma
Por supuesto que me importa abordar aquello que te hace sufrir.
Pero muchas veces el síntoma es solo la punta del iceberg.
Si únicamente intentamos hacerlo desaparecer sin entender qué función cumple o qué lo mantiene, es probable que el problema vuelva o encuentre otra forma de expresarse.
Fingir que tengo todas las respuestas
La psicología está mucho más cerca de las hipótesis que de las certezas.
No trabajo desde verdades absolutas.
Trabajo formulando hipótesis, comprobándolas, revisándolas y modificándolas cuando es necesario.
Y, aunque pueda parecer extraño, creo que eso hace la terapia mucho más honesta.
También nos recuerda algo importante: aprender a convivir con las dudas e incertidumbres que forman parte de la vida.
Ir más deprisa de lo que tú puedes sostener
Hay temas que necesitan tiempo.
No tengo ningún problema en esperar si todavía no estás preparado para abordar algo importante.
Pero tampoco haré como si el tema no existiera.
El melón estará encima de la mesa.
Y decidiremos juntos cuándo tiene sentido abrirlo.
Quedarnos dando vueltas sin avanzar
No creo en las terapias que se convierten únicamente en un espacio para desahogarse semana tras semana.
Hablar ayuda.
Pero también necesitamos comprender, experimentar cambios y sentir que, poco a poco, algo se va moviendo.
No me importa ir despacio.
Lo que intento evitar es quedarnos eternamente en una rotonda sin tomar ninguna salida.
La terapia para mí…
No consiste solo en aliviarte el malestar sino en ayudarte a que tú construyas tu bienestar.
Consiste en construir juntos una comprensión cada vez más profunda de lo que te ocurre para que puedas relacionarte mejor contigo mismo y con los demás de una forma más libre, más consciente y más coherente con quien eres.
Es un proceso compartido, hecho de preguntas, hipótesis, emociones, reflexión y pequeños cambios que, con el tiempo, pueden transformar mucho más de lo que imaginabas.
Y si decides recorrer ese camino conmigo, mi compromiso será acompañarte con honestidad, respeto y cercanía.





