Las preguntas que me hago durante una sesión de terapia

preguntas
Mientras tú hablas en terapia y expresas tus dudas y preguntas, yo me hago otras. No solo sobre lo que te ocurre, sino sobre tu historia, lo que necesitas, nuestra relación y si el camino que estamos siguiendo realmente te está ayudando.

Últimas publicaciones


Consúltame

Cuando una persona viene a terapia suele tener muchas preguntas. Yo, por mi parte, también voy haciéndome muchas preguntas, que a menudo, pueden ser diferentes de las que formula la persona.

No me refiero únicamente a pensar qué voy a preguntarle después o qué intervención podría hacer. Mientras escucho, intento construir una comprensión cada vez más completa de quién tengo delante, qué le está ocurriendo, de dónde puede venir y qué necesita en ese momento.

Algunas preguntas aparecen durante la propia sesión. Otras me acompañan cuando preparo el caso, cuando reviso cómo está avanzando la terapia o incluso cuando algo de una sesión sigue rondándome después.

No busco responderlas todas inmediatamente. De hecho, muchas veces sería mala señal hacerlo. Para mí, es más valioso ser capaz de mantener dudas y preguntas abiertas el suficiente tiempo para encontrar realmente las respuestas.

¿Qué trae hoy esta persona?

Por mucho que exista un proceso terapéutico y tengamos objetivos en los que estamos trabajando, intento no perder de vista algo bastante básico: la vida de esa persona sigue ocurriendo entre sesión y sesión.

Por eso suelo comenzar explorando:

  • ¿Qué trae hoy en su mente?
  • ¿Qué ha ocupado más espacio mental durante estas semanas?
  • ¿Hay algo que necesite contarme o hablar antes de continuar por donde habíamos dejado la terapia?

Ocurre con frecuencia que el guión que tenía preparado para la sesión se queda totalmente aparcado porque lo que trae ese día la persona, necesita todo el espacio de la sesión. También es cierto que lo que trae la persona, suele estar relacionado con alguno de los objetivos planteados así que muchas veces se trata de priorizar otro objetivo frente al que tenía previsto para ese día.

Porque la terapia necesita estar conectada con la persona que tengo delante hoy, no únicamente con la que formulé hace varias semanas.

¿Qué hay detrás de lo que estoy viendo?

Esta es probablemente una de las preguntas que más me acompaña.

Ante un síntoma, una conducta desadaptativa que se repite o una reacción emocional aparentemente desproporcionada, intento no quedarme únicamente en la superficie de esa manifestación .

Me pregunto:

  • ¿Qué hay detrás de esto?
  • ¿Por qué aparece aquí?
  • ¿Qué factores pueden estar manteniéndolo?
  • ¿Qué función puede estar cumpliendo?
  • ¿Qué viene a contarnos sobre esta persona?

Una misma conducta puede tener significados completamente diferentes según quién la realiza y en qué contexto.

Evitar una situación, por ejemplo, puede estar relacionado con miedo, vergüenza, agotamiento, sensación de incapacidad, necesidad de protección o muchas otras cosas. Y aunque desde fuera el comportamiento parezca idéntico, la forma de comprenderlo y trabajarlo puede ser muy distinta.

Por eso intento no empezar demasiado pronto por la solución. Primero necesito entender el problema.

¿Estoy entendiendo realmente lo que ocurre?

Esta pregunta aparece una y otra vez. Porque siempre existe el riesgo de construir una explicación demasiado rápido y empezar a mirar todo lo que ocurre desde ella.

Así que intento preguntarme:

  • ¿Estoy profundizando suficiente?
  • ¿Hay algo importante que se me está escapando?
  • ¿Lo que estoy pensando encaja realmente con esta persona?
  • ¿O estoy intentando, sin darme cuenta, que esta persona encaje en mi explicación?

Las hipótesis en terapia me sirven para orientarme, pero no las convierto en verdades inamovibles. A veces una idea que parecía explicar muy bien algo deja de hacerlo cuando aparece información nueva. Entonces hay que revisarla.

No me preocupa haber planteado una hipótesis equivocada. Sí me preocuparía bastante más aferrarme a una que ya no explica bien a la persona que tengo delante.

¿Qué historia hay detrás de esta persona?

También me apasiona intentar entender cómo hemos llegado hasta aquí.

  • ¿Qué experiencias han ido construyendo su manera de verse?
  • ¿Qué mirada ha recibido esta persona de sus figuras de apego?
  • ¿Qué ha aprendido sobre las relaciones?
  • ¿Qué ocurrió cuando necesitó ayuda?
  • ¿Cómo se respondía a sus emociones?
  • ¿Qué experiencias de rechazo, cuidado, exigencia, inseguridad, protección o pertenencia han dejado huella?

La mirada sobre la infancia me parece imprescindible aunque luego no todo se explique desde ahí. Porque nuestra historia continúa construyéndose durante toda la vida, pero conocerla desde el principio permite entender por qué determinadas situaciones tienen tanto peso para una persona y apenas lo tienen para otra.

Muchas veces algo que desde fuera parece exagerado o totalmente irracional empieza a resultar bastante comprensible cuando conocemos toda la historia que hay detrás de esa reacción.

¿Quién es esta persona fuera de la consulta?

También intento recordar que yo solo conozco una pequeña parte.

Durante una hora veo a una persona sentada delante de mí hablándome de sus dificultades. Pero esa persona puede tener amigos, padres, hermanos, pareja, hijos, compañeros, jefes, subordinados… También está en un contexto: un contexto de residencia, laboral, económico, doméstico… Y por último y no menos importante, atraviesa circunstancias: responsabilidades, obligaciones, limitaciones, horarios…

Por eso me interesa saber quién es fuera del contexto terapéutico.

  • Qué recursos tiene o deja de tener.
  • Cómo se relaciona con su contexto.
  • Cómo se relaciona con las personas de su entorno.
  • Qué lugar suele ocupar entre los demás.
  • Si tiene o no apoyo externo.
  • Con quién puede mostrarse vulnerable.
  • Dónde se siente segura.
  • Qué partes de sí misma enseña y cuáles protege.

Porque no le encuentro demasiado sentido a conocer únicamente a la persona cuando está sufriendo delante de mí.

¿Qué está necesitando de mí?

No todas las personas necesitan lo mismo de una terapeuta. Y tampoco una misma persona necesita siempre lo mismo.

A veces necesita que pregunte. Otras, que espere. Puede necesitar comprensión, validación, confrontación, estructura, información, espacio silencioso para pensar, ayuda para ordenar algo que resulta caótico o simplemente poder expresar algo sin que nadie intente resolverlo inmediatamente.

Así que también necesito preguntarme si lo que estoy ofreciendo en ese momento responde a lo que esa persona necesita o a lo que a mí me resulta más fácil ofrecer.

¿Qué está ocurriendo entre nosotros?

La relación terapéutica es una de las variables más importantes de la terapia si no la que más.

Por eso presto mucha atención a lo que ocurre entre nosotros. A si la persona intenta agradarme, teme decepcionarme, espera que la juzgue, necesita que la tranquilice o si se protege también conmigo de determinadas maneras.

Y observo igualmente con mucho cuidado qué despierta en mí esa relación. Mis propias emociones pueden aportar información sobre lo que está ocurriendo en el vínculo. Esto requiere preguntarme y diferenciar con cautela qué tiene que ver conmigo y con mi propia historia, y qué puede estar relacionado con el paciente, con su historia y con la dinámica que estamos construyendo entre los dos.

Se trata de no olvidar que lo que ocurre en una relación terapéutica a veces reproduce maneras de relacionarse que también aparecen fuera de ella. Y eso puede convertirse en una oportunidad para comprenderlas.

¿Estamos avanzando?

También procuro preguntarme periódicamente cómo está funcionando la terapia.

  • ¿Estamos yendo demasiado rápido?
  • ¿Demasiado despacio?
  • ¿Nos estamos estancando?
  • ¿Hay algo que llevamos varias sesiones rodeando sin llegar a abordar?
  • ¿Estamos trabajando realmente aquello que esta persona necesita?

Y también sobre el avance:

  • ¿Qué hemos conseguido hasta ahora?
  • ¿Qué comprende ahora que antes no comprendía?
  • ¿Qué puede hacer ahora que antes no podía?
  • ¿Qué objetivos se van cumpliendo?

La verdad es que la mayoría de avances no son espectaculares. A veces avanzar significa poder detectar antes una emoción. Atreverse a decir que no. Entender una reacción que antes parecía incomprensible. Dejar de castigarse durante tres días por un error. Tener una conversación que llevaba meses evitando. O simplemente empezar a relacionarse consigo misma de una manera algo diferente.

Necesito pararme a mirar eso en algunos momentos porque los avances no van acompañados de fuegos artificiales ni siempre saltan a la vista.

Me parece muy importante no mirar únicamente aquello que todavía falta, sino ir revisando todo lo que ya está cambiando.

No necesito tener todas las respuestas

Quizá esta sea una de las cosas que más han cambiado en mi manera de entender la profesión.

Con el tiempo vas entendiendo que este trabajo no consiste en entrevistas estructuradas sobre síntomas durante una o dos sesiones y descubrir rápidamente qué le pasa. Nada más lejos.

Consiste más bien en ir construyendo una comprensión junto a esa persona, contrastarla, revisarla cuando sea necesario y utilizarla para decidir por dónde puede ser útil continuar.

Por eso, mientras tú hablas y haces algunas preguntas, yo me hago otras para poder responder a las tuyas.

Sobre lo que te está ocurriendo. Sobre tu historia. Sobre lo que quizá todavía no estamos viendo. Sobre nuestra relación. Sobre lo que necesitas. Sobre si lo que estamos haciendo está ayudando.

Y probablemente una de las preguntas más importantes sea siempre la misma:

¿Estoy comprendiendo realmente a esta persona o estoy dando algo por supuesto demasiado pronto?

Porque prefiero tardar un poco más en encontrar una respuesta que dejar de hacerme las preguntas necesarias.

Si te encaja esta manera de trabajar, puedo acompañarte en tu proceso.

Pide cita.

Ir al contenido