Cómo acompaño en terapia

acompaño en terapia
Cuando pensamos en terapia solemos fijarnos en las técnicas o en los problemas que queremos resolver. Pero también importa cómo nos sentimos con la persona que nos acompaña. En este artículo te cuento las ideas que guían mi forma de trabajar y qué puedes esperar de mí si decides iniciar un proceso terapéutico.

Últimas publicaciones


Consúltame

No creo que exista una única forma correcta de hacer terapia

A lo largo de los años he ido aprendiendo sobre distintos enfoques y maneras de entender el sufrimiento humano. Y cuanto más aprendo, más clara tengo una idea: las personas no encajamos en moldes.

Por eso tampoco creo que exista una única forma correcta de acompañar un proceso terapéutico.

Cada persona llega con una historia diferente, unas necesidades distintas y un momento vital único. Lo que puede resultar útil para alguien quizá no lo sea para otra persona. Y lo que puede resultar útil en un momento del proceso, no lo es en otro.

Mi forma de trabajar parte de esa idea. Intento adaptarme a la persona que tengo delante, a sus ritmos, a sus prioridades y a aquello que necesita en ese momento de su vida y de su proceso.

Porque la terapia no debería consistir en meter con calzador a alguien en un método o un protocolo, sino en encontrar juntos la forma de que ese espacio le resulte realmente útil.

Antes de cambiar algo, necesito entenderlo

Vivimos en una sociedad que busca soluciones rápidas.

A veces incluso llegamos a terapia esperando herramientas inmediatas para dejar de sentir ansiedad, dejar de discutir con la pareja o dejar de darle vueltas a las cosas.

Y aunque las herramientas pueden ser muy útiles, para mí suelen ser solo una parte muy pequeña del trabajo.

Primero, me es preciso comprender qué hay detrás de aquello que está generando sufrimiento.

Por qué reaccionamos de determinada manera.

Qué función han tenido esos mecanismos a lo largo de nuestra vida.

Qué experiencias nos han llevado a desarrollar ciertas formas de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás o con el mundo.

Porque cuando entendemos de dónde viene algo, solemos dejar de verlo como un defecto y empezamos a verlo como una respuesta que tuvo sentido en algún momento de nuestra historia.

Y esa comprensión suele abrir caminos que la simple lucha contra el síntoma no siempre consigue abrir.

Intento que la terapia sea un lugar donde no haga falta defenderse

Muchas personas llegan a consulta sintiendo que tienen que justificarse.

Se juzgan por lo que sienten.

Se avergüenzan de determinadas emociones.

Piensan que deberían ser diferentes a como son.

Por eso intento construir un espacio donde no sea necesario defenderse constantemente.

Un espacio donde podamos mirar juntos aquello que duele sin culpabilizar, sin ridiculizar, sin juzgar y sin reducir a nadie a una etiqueta o a un diagnóstico.

No porque todo esté bien o porque no haya cosas que cambiar.

Sino porque creo que comprender suele ser mucho más transformador que juzgar.

Comprender no significa estar siempre de acuerdo

A veces existe la idea de que una terapia basada en la comprensión consiste simplemente en escuchar, validar y acompañar.

Pero comprender a una persona no significa darle siempre la razón.

Hay momentos en los que también es importante señalar contradicciones, cuestionar algunas creencias o invitar a mirar aspectos que quizá cuesta reconocer.

Yo también puedo ser confrontativa cuando considero que puede ayudar al proceso. La diferencia está en cómo entiendo esa confrontación.

No me interesa confrontar desde la dureza, el juicio o la superioridad. Intento hacerlo desde la curiosidad, el respeto y la comprensión de por qué esa persona piensa, siente o actúa de esa manera.

Porque cuando alguien se siente comprendido, suele resultar mucho más fácil explorar aquello que le cuesta ver.

Mi objetivo no es que una persona se sienta atacada o evaluada. Es ayudarla a ampliar su mirada sobre sí misma y sobre lo que le ocurre.

Y, muchas veces, las conversaciones que más nos ayudan a crecer son precisamente aquellas que nos hacen pensar algo diferente de lo que pensábamos antes.

No me interesa decirle a nadie lo que tiene que hacer

Una de las preguntas que más me hacen es si en terapia doy consejos.

Y la respuesta es que, aunque a veces puedo ofrecer orientación o compartir una perspectiva, no entiendo mi trabajo como el de alguien que dice a los demás cómo deben vivir.

La persona que mejor conoce su vida es quien la está viviendo.

Mi papel consiste más en ayudar a ampliar la mirada, explorar alternativas, cuestionar ciertas creencias cuando es necesario y facilitar que cada persona pueda tomar decisiones más conscientes y coherentes consigo misma.

No creo que la terapia consista en generar dependencia del terapeuta.

Creo que debería ayudar a que cada persona se conozca mejor y pueda confiar más en sí misma.

La profundidad me importa mucho

Hay momentos en los que necesitamos soluciones prácticas y herramientas concretas. Y eso también tiene su lugar en terapia.

Pero muchas veces el sufrimiento no aparece de la nada.

Tiene raíces e historia.

Tiene significado y función.

Por eso suelo interesarme no solo por lo que ocurre hoy, sino sobre todo por cómo hemos llegado hasta aquí.

No para vivir mirando al pasado, sino porque entenderlo suele ayudarnos a comprender mejor el presente y a construir un futuro.

A veces el objetivo no es simplemente que un síntoma desaparezca, sino entenderlo de una forma más profunda para poder elegir relacionarnos de manera diferente con nosotros mismos y con nuestra vida.

Cada proceso tiene su propio ritmo

Hay personas que necesitan tiempo para confiar.

Otras llegan con muchas ganas de profundizar desde el primer día.

Algunas tienen muy claro qué quieren trabajar.

Otras necesitan primero descubrirlo.

Intento respetar esos ritmos.

No me gusta forzar conversaciones para las que alguien todavía no está preparado.

Ni trabajar objetivos que la propia persona no considera importantes.

Creo que la terapia funciona mejor cuando avanzamos desde la colaboración y no desde la imposición.

Una reflexión final

Si tuviera que resumir mi forma de acompañar en pocas palabras, diría que intento ofrecer un espacio donde las personas puedan sentirse comprendidas, explorar lo que les ocurre con profundidad y avanzar a su propio ritmo.

Un espacio donde no tengan que demostrar nada.

Donde puedan entender mejor por qué les pasa lo que les pasa.

Y donde poco a poco puedan construir una relación más amable consigo mismas.

Porque, al final, más allá de las técnicas o de los enfoques, creo que una buena terapia tiene mucho que ver con establecer un vínculo donde sentirse acompañado mientras recorremos un camino que a veces resulta difícil hacer en soledad.

Si lo necesitas, puedo acompañarte en ese proceso.

Pide cita.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Patricia Vílchez Las Heras.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Ir al contenido