Cuidar la salud mental: mejor prevenir que curar

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Cuidar la salud mental no empieza cuando ya no puedes más. Empieza antes, en lo pequeño, cuando aprendes a escucharte, a respetar tus límites y a no dejarte siempre para el final.

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Empieza antes de «estar mal»

Solemos pensar en la salud mental como algo a lo que atender cuando el malestar ya es evidente: ansiedad intensa, tristeza profunda, bloqueo, agotamiento. Cuando el cuerpo y la mente dicen “no puedo más”.

Pero lo cierto es que podemos cuidarla no solo como una respuesta al sufrimiento, sino como una práctica cotidiana. Empieza mucho antes de estar mal, en pequeños gestos.

Sin embargo, cabe dejar muy claro que la prevención no va de evitar el dolor ni de estar bien todo el tiempo. Va de aprender a no ignorarnos sistemáticamente.

Qué NO es la prevención en salud mental

Antes de explicar qué es, conviene aclarar qué no es, porque aquí suele haber mucha confusión.

No es:

  • estar siempre tranquila, positiva o equilibrada

  • poder con todo y sin quejarse

  • “gestionarlo” todo sola

  • controlar lo que sientes para que no moleste

Tampoco debe ser una forma de autoexigencia encubierta. No se trata de hacerlo mejor, sino de escucharte antes.

Cuidar la salud mental en el día a día

La prevención se construye en gestos pequeños, repetidos y bastante poco espectaculares.

  • Ritmos: no solo es dormir, sino descansar de verdad. Bajar el nivel de exigencia y dar espacios para desconectar de las obligaciones.

  • Límites: saber hasta dónde sí puedes y quieres dar y hasta dónde no, incluso (y sobre todo) con personas a las que quieres.

  • Espacios de descarga emocional: poder hablar, escribir, llorar o parar sin tener que justificarlo.

  • Coherencia interna: intentar que lo que haces no vaya constantemente en contra de lo que necesitas.

Y algo fundamental: pedir ayuda antes de tocar fondo, no cuando ya no queda energía para sostener nada.

La prevención no evita el dolor, pero sí el colapso

Cuidar la salud mental no significa que no vayas a sufrir. El malestar forma parte de vivir, de vincularse, de tomar decisiones, de atravesar cambios.

La diferencia está en cómo llegas a ese malestar:
no es lo mismo sentir dolor, escucharlo y tener recursos para gestionarlo que hacerlo desde la desconexión y el agotamiento absoluto.

No se trata de eliminar el sufrimiento, pero sí evitar que se convierta en derrumbe, en bloqueo prolongado o en una desconexión profunda contigo misma.

Señales cotidianas de que algo se está acumulando

Muchas veces el cuerpo y la mente avisan, pero lo hacen de formas sutiles, fáciles de normalizar.

Algunas señales frecuentes son:

  • cansancio emocional persistente, aunque “duermas”

  • irritabilidad o distancia contigo y con los demás

  • vivir en modo aguantar, sin espacios de respiro

  • dificultad para disfrutar, incluso cuando objetivamente todo está bien

  • y esa sensación de que pedir ayuda “no toca todavía”

Estas señales no indican que estés mal, sino que algo necesita atención.

Cuidar la salud mental no es un lujo ni una moda. Es una forma de respeto hacia una misma, una manera de no dejarse siempre en último lugar.

No hace falta estar fatal para empezar a cuidarse.
Y si lo necesitas, puedo acompañarte en ese proceso.

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