Rabietas infantiles: qué significan realmente y cómo acompañarlas

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Las rabietas infantiles no son simplemente “mal comportamiento”. Muchas veces son el reflejo de un sistema emocional que todavía está aprendiendo a regularse. Comprender qué ocurre en esos momentos puede cambiar completamente la forma de acompañarlas.
Las rabietas infantiles son uno de los momentos que más desconciertan a madres y padres. Un niño que hace un momento estaba tranquilo de repente grita, llora, patalea o se tira al suelo como si todo se hubiera desbordado. Las rabietas infantiles no son un problema de conducta. Ni siquiera son un problema. En todo caso, son cuestión de regulación emocional.

Cuando el cerebro aún no sabe calmarse solo

Durante los primeros años de vida, el cerebro del niño todavía está aprendiendo algo fundamental: cómo gestionar lo que siente. Las emociones aparecen con mucha intensidad, pero las herramientas para regularlas aún no están desarrolladas Es como si el sistema emocional estuviera funcionando a pleno rendimiento, pero el sistema que ayuda a calmarse todavía estuviera en construcción. Por eso, cuando algo les frustra, les duele o les desborda, el niño no puede simplemente “tranquilizarse”. Su sistema nervioso entra en un estado de activación muy intenso. Y la rabieta aparece.

No es que quieran hacerlo, es que aún no pueden evitarlo

Muchas veces los adultos interpretamos las rabietas desde categorías morales:
  • “Lo hace para salirse con la suya”
  • “Me está retando”
  • “Si cedo, aprenderá que así consigue lo que quiere”
A veces puede haber un componente de prueba de límites, sí. Pero en la mayoría de los casos lo que está pasando es algo mucho más simple: El niño no sabe todavía cómo gestionar lo que siente. Las rabietas no son una estrategia sofisticada. Son una señal de desbordamiento.

Qué necesita un niño en medio de una rabieta

Cuando un niño está en plena rabieta, lo que vemos desde fuera es descontrol. Pero desde dentro, muchas veces lo que está ocurriendo es una emoción demasiado grande para su capacidad actual. En ese momento, el niño no necesita sermones ni explicaciones largas. Su cerebro no está disponible para eso. Lo que más ayuda suele ser algo mucho más básico:
  • presencia
  • calma del adulto
  • límites claros si son necesarios
  • y, sobre todo, regulación prestada
La regulación prestada es algo muy sencillo y muy profundo a la vez: el adulto ayuda al niño a calmar su sistema nervioso cuando todavía no puede hacerlo solo. Con el tiempo, esa experiencia repetida es la que permitirá que el niño aprenda a hacerlo por sí mismo.

Acompañar no significa permitirlo todo

Comprender las rabietas infantiles no significa que no haya límites. Los niños necesitan límites claros para sentirse seguros. Pero límite y castigo no son lo mismo. Podemos sostener un límite —por ejemplo, que no puede llevarse un objeto del supermercado— y al mismo tiempo acompañar la frustración que eso le genera. El mensaje implícito sería algo así como: “Entiendo que estás muy enfadado porque querías eso. Y aun así no podemos llevárnoslo.” Cuando un niño siente que su emoción tiene lugar, aunque la conducta tenga un límite, aprende algo muy importante: que las emociones pueden atravesarse sin romper el vínculo.

Las rabietas también son parte del aprendizaje emocional

Las rabietas infantiles forman parte del desarrollo. Son momentos incómodos, agotadores y a veces muy públicos. Pero también son situaciones en las que el niño está aprendiendo algo esencial: cómo se atraviesan las emociones intensas. No se trata de evitarlas a toda costa. Se trata de acompañarlas de forma que, poco a poco, el niño vaya construyendo dentro de sí aquello que al principio necesita del adulto. La capacidad de calmarse. De tolerar la frustración. De entender lo que siente. Ese aprendizaje no ocurre de golpe. Ocurre en muchos momentos cotidianos, incluso —y a veces especialmente— en medio de una rabieta.

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